Vemos como el fenómeno open se va aplicando a cada vez más aspectos de la vida social y como no podía ser de otro modo también en las administraciones públicas. Todo gobierno demócratico es sensible a la opinión y visión que de él tienen los ciudadanos, pues de sus votos depende la continuidad de un partido político en el poder. También aquí ha habido una evolución desde los inicios en los que las facciones políticas se afanaban en internet a la captación de indecisos solo cuando se acercaban elecciones y les interesaba mucho promocionar el mensaje de un candidato. Aquel tiempo (aún bastante presente) se dio en llamar política 2.0, si bien la bideraccionalidad nunca fue exhaustiva y la colaboración de la comunidad más bien escasa. No se puede negar, no obstante, la enorme fuerza de las redes sociales y las estrategias de marketing viral que han catapultado al estrellato del poder a figuras como el mismo Obama, cuya campaña mediática en la red a través de facebook, youtube, etc., ha llegado a amplios sectores del electorado (también los jóvenes) y ha recaudado millones de dólares para su proyecto, y la verdad es que lo hizo muy bien:
"I'm asking you to belive. Not just in my ability to bring about real change in Washington...
I'm asking you to belive in yours".
* De la campaña de Obama. Todo un ejemplo de éxito.
Pero una cosa es hacer campaña electoral y otra muy distinta es gestionar los recursos y espacios públicos, es decir; gobernar. La traslación de los principios 2.0 a la gestión pública significaría una apertura sin precedentes de la gestión del poder para regocijo del gran O'Reilly, que quedó decepcionado por la manera en que la política usó internet hasta entonces. Así, el hecho de compartir los principios de transparencia, apertura y colaboración, arrojaría luz sobre varias implicaciones:
- Supresión de intermediarios entre políticos y ciudadanos (por ejemplo; medios de comunicación de masas, dado que los ciudadanos comunicarían directamente con sus gobernantes)
- Los ciudadanos pueden ahora organizarse por sí mismos al margen de partidos políticos eligiendo si colaboran o no en una determinada labor pública.
- Herramientas (digitales) para que los ciudadanos controlen la actividad de sus representantes.
- Bajo control, los funcionarios adquieren mayor responsabilidad en su quehacer, pues son la cara y ojos del estado ante los ciudadanos.
Parece que el ideario apenas mencionado y definitorio del gov2.0 o Open Government, cuadra a la perfección con el espírito y la letra de la Biblia del 2.0 que representa el manifiesto Cluetrain. Ojalá tarde poco tiempo en instaurarse el nuevo paradigma. La posibilidad tecnológica al menos, ya existe.

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